Surraporto
| Mire que tanto existe hoy y no se come |
miércoles, 27 de febrero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
Jaula para las manos
Cuando murió mi madre
se decidió por no mostrar la cara frágil de la familia. Los cuartos cambiaron y
las tardes de domingo en donde la risa de mi hermano se entremezclaba con el
sonido del gol en la tv, construían un hogar tan común y apabullantemente
costarricense como cualquier otro. Así, la dicha se apoderaba en muchas
ocasiones del tiempo que no usábamos, dejándolo
morir entre los cuartos y las marcas de los dedos que soplaba mi tía Roberta en
la pared de entrada. Nunca nadie limpio esa pared, cada vez que uno entraba y
salía, aquellas huellas se convertían en el primer encuentro con la realidad
hogareña, con el calor tan conocido y reconfortante/limpio de nuestra casa. Como
el olor a plátano maduro en el almuerzo, que no tenía ganas de quedarse en la
cocina. Recorría la casa y el barrio por completo, para que siempre don Julio se
asomara por la vereda que daba con la ventana donde se veía cocinando a
Refugio, que le ayudaba a mi padre con el almuerzo y asuntos de pundonor
hogareños. Agitando el artesanal estuche de su arma laboral, don Julio daba
tres toques al cristal para avisar que le guardaran unas cuantas rebanadas de maduro para el café de las 3. La casa
con sus cuartos seguían palpitando los momentos – las cosas cómo cuando madre
vivía, estáticas – el aire… aún se guardaba debajo de cada cama.
Antes de la explosión
mi hermano y yo fuimos creciendo, y mi padre quedándose sordo y las huellas de
mi tía borradas por la pintura nueva y su muerte de cáncer – legada por mis
abuelos como mi madre –. Los cuartos se volvían mansos, de paisaje estéril,
cansados de aquél equilibrio corporal tan repetitivo, acostumbrándose a
sostener cada vez a menos sombras. Con el pasar del tiempo se inmutaban aún
más, y los marcos de las puertas se hacían más chicos, porque se fueron
privando de dejar entrar a dos personas a la vez. Refugio se adueño de la
silueta de mi madre y logró sacar a mi padre de la sordera, para meterlo en la
no-videncia. Desde los segundos más profanos de la casa, se escuchaban siempre
las conversaciones solitarias de mi padre con la nada y con Refugio, que era lo
mismo, aunque la nada guardaba aún más claridad para con sus respuestas. Los
cuartos llegaron a entenderse únicamente con la señora y más de una vez le
cerraron la puerta en la cara a mi hermano y mi padre. Después de un largo
periplo de soportar las rebeldías de los seres más ajenos a nuestra casa, tome
la decisión de marcharme, pero de pronto apareció mi padre, cocinando sobre el
inodoro. Entonces yo con las ganas más tristes del mundo le pregunté sobre las
modificaciones en los cuartos y de su soledad, y hasta me dio tiempo para
escupirle los zapatos con mis palabras de desprecio, por haber dejado que los
cuartos y Refugio tomaran el control de la casa. Tuve que hablar alto, por su
sordera e inevitablemente Refugio oyó. Los cuartos se nos fueron al cuerpo y
empezaron a preguntarnos por la desaparición de mi madre, de las huellas de mi
tía, de don Julio, de las risas de mi hermano, de los goles en la tv y la casa
se volvió un caos. Preguntas superpuestas unas de otras, preguntas reclamándose
suplicas por toda la casa. Mi padre se mordía los labios, empotrando la mirada
en el inodoro. Escuchaba la mitad y veía completamente todo. Refugio
recriminándome con los ojos y los labios cualquier-intención-dislocante, obligo
a mi hermano a correr en círculos, mientras agitaba los brazos hacia todo lado,
gritando “¡Basta, BASTA!”. Las vueltas alrededor de nosotros fueron aumentando
su velocidad y la casa inflándose con más fuerza. Hasta el momento donde todo explotó
y no volví a ver ya alguna pared, o persona frente a mí. En mis piernas solo se
aferraban mi padre y mi hermano. A Refugio se la llevaron los cuartos, que ya
estaban camino a la montaña y nosotros tan libres, empezábamos a entender que nos
habíamos librado de paredes, el verdadero encierro… ahora nos lo marcaban
las nubes.
sábado, 19 de enero de 2013
Permiso de salida
Para
dis
[variar
de su cien cayeron un par de palabras
sostenidas de las pestañas
las estrellas de cielo moreno
alimentan sus pómulos
flores aplastadas
destilaron aceites
en el centro del rostro
con medias amarradas a la boca
palpitaron el momento
y se fue haciendo pequeño el cuarto
de su cien cayeron un par de palabras
sostenidas de las pestañas
las estrellas de cielo moreno
alimentan sus pómulos
flores aplastadas
destilaron aceites
en el centro del rostro
con medias amarradas a la boca
palpitaron el momento
y se fue haciendo pequeño el cuarto
para
Rey la vida se convierte en un estado circular
y apretado por los huracanes que se forman en las axilas
que atraviesan los centros
y los pechos
renovando ciertos pedazos de piel infinitos
penetra los rayos de sol con sus manos
y camina
enrollándose la camisa en la ropa interior
cree en la salvación de las almas
y en la salvación de los cuerpos
para un fin único: “tocar el suelo del mar”
y apretado por los huracanes que se forman en las axilas
que atraviesan los centros
y los pechos
renovando ciertos pedazos de piel infinitos
penetra los rayos de sol con sus manos
y camina
enrollándose la camisa en la ropa interior
cree en la salvación de las almas
y en la salvación de los cuerpos
para un fin único: “tocar el suelo del mar”
Alina
prefiere finales
donde el parto expulse lodo y sangre
el niño se masturbe naciendo
y el nacimiento deje la casa con semen
lee revistas de cocina
para comer
después de vomitar
en la chaqueta de correr por las mañanas
le quita los mangos a los cuchillos
y se quita la ropa
despacio
en la pared dibuja su clítoris
al
[revés
donde el parto expulse lodo y sangre
el niño se masturbe naciendo
y el nacimiento deje la casa con semen
lee revistas de cocina
para comer
después de vomitar
en la chaqueta de correr por las mañanas
le quita los mangos a los cuchillos
y se quita la ropa
despacio
en la pared dibuja su clítoris
al
[revés
lo
besa todas las noches
Mexualidad
A Rosina Prešporok
No escojo el
momento para escaparme de aires
no soy espasmo del tiempo,
ni esclavo de barcos desanclados y sin rumbo,
de algunos puertos.
no soy espasmo del tiempo,
ni esclavo de barcos desanclados y sin rumbo,
de algunos puertos.
Procuro
establecerme en espacios serenos,
donde comiencen palabras y terminen versos.
donde el pasado se muestre temeroso al atacarme las manos,
pecho a pecho,
y se transfigure a presente esparcido en un sillón pequeño, distraído y descompuesto.
donde comiencen palabras y terminen versos.
donde el pasado se muestre temeroso al atacarme las manos,
pecho a pecho,
y se transfigure a presente esparcido en un sillón pequeño, distraído y descompuesto.
Gusto de saltar
por las mañanas,
para prestarle atención al suelo
y no dudo en arrebatarle poesía
a cualquier momento que camine dormido y a destiempo.
Acumulo espacios,
para prestarle atención al suelo
y no dudo en arrebatarle poesía
a cualquier momento que camine dormido y a destiempo.
Acumulo espacios,
piel,
páginas
empapadas,
roces en cada codo,
a muchas bocas atrapadas por maría
y un sin fin de mor y secos atrapados en sus pantalones.
roces en cada codo,
a muchas bocas atrapadas por maría
y un sin fin de mor y secos atrapados en sus pantalones.
Argos
Es precario el
gusto de pillarles enseguida;
sin dudaes mucho más metamórfico
pasar cada uno
por el sótano
de mi lana salivosa,
con el traqueteo sonoro
del masticar
caigan a la mano
y secarles sus puntos pentrarroficos
en el borde de mi camisón
parapetarlos
a un florero vacío
verticalmente largo
atiborrado de tierra acariciada
por un tiempo añejo
y destructivamente comedido;
para así
restregarme la idea de cultivar
una vista
hacia el cielo
hacia a algún espacio desoxigenado
a base de fé terrenal
limpia
de cualquier intervención ancestral
sublime
Aunque
cada cierto instante
mal acomodado
se me antoja
sujetar alguno
apretarlo y desapretarlo
notar como pareciera
que vomitan imágenes
apuntarlo hacia alguna silueta femenina
y jugar
a que con mis dedos
puedo sostenerle
la mirada.
Desgarre
La
tristezade
quebrarse
contra
el
ventanal
desguarnecido
tiene
sus
aristas
en
dormirse
unos
segundos
mientras
el
mundo
gotea
y
caga
por
las
axilas
el
sudor
leproso
desde
los
cielos
estructurados
con
palabrerías
necias.
Camarinargos en el espejo
Si no lo atrapo
me quedó en la
imperfección de no tenerlo
pero ¿que cabe
en una palma blanca de un camarinargo blanco
más que otra
palma blanca
de otro
camarinargo blanco
percudido
percudido
por la lluvia
interna
de meteoritos
ambulantes
reiglo
y ciegas rocas
atestadas de mensajes sistemáticos
enrollados en
papeles flácidos
engomados con
salivas de camarinargos desteñidos
acémilos
de la
infamia
de la
insensatez
producidos por
el asoleo reinante
kolko
en las sillas
colosales
en los
escritorios planetarios
ubicaciones
presentadas
trazadas
por
manos rellenas de prismas y
líneas sudadas
{plateados rostros}
de tanto
guardarlas en
bolsillos
que matan
la afición que
tienen los camarinargos blancos
de sentirse sus
palmas blancas en otras palmas
palmas de las
manos
palmas de la
tierra
palmas
abstraídas de aplaudir
palmas repletas
de palmas
palmas asustadas
palmas hacia el
cielo
los camarinargos
blancos se aprietan los labios con los pulgares
zik;zik
y les cortan las
muñecas
ahí
donde se cierran
todas las palmas
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