Me puedo mover
entre las
sombras delicadas,
pero ya no,
ya no pretendo
acomodarme más en sus costillas,
por que se me
acaba el aire
al principio de
cada grito,
por que estamos
solos,
y más solos lo
estamos en la soledad,
y en las
esquinas,
que nos
encuentran detenidos en el tiempo,
que nos miran a
los ojos,
esas esquinas
pequeñas,
que nos rozan
los cuerpos,
y estos cuerpos
que nos rozan cada esquina de nuestra alma.
Por que las
palabras se apagan
en las sonrisas,
y se duermen en
cada beso
puesto en algún
espacio de piel
intransitable.
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