Cuando hay
cuerpos infinitos,
se vuelve un
paseo,
un espacio de
tiempo
entre lo real y lo
corpóreo,
un deseo enorme
de aplastar con
el pecho,
los pensamientos
azucarados
de liliputenses
hombres que intentan
subirse por tus
rodillas,
sin miedo a ser atrapados,
por daños a la
moral púbica.
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