viernes, 18 de enero de 2013

Historia tuerta


Cuando se pierde un ojo, se camina desnudo por los confines vetustos del universo. Se rompen los pigmeos y se arrancan las tétricas fobias de las paredes del cielo. Doblándose el torso caminan los garabatos tuertos de angustia, por el formidable encuentro con la vista a medio mirar. Se llevan las manecillas a los dientes tratando de atrapar la oscuridad con sus embriagados dedos. Las miradas son impares, igual que cada grupo de inmóviles seres que miran al mundo solo de un costado, pero lo observan mejor que el que con tres, se olvida de sus otros dos. 

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