En el aeropuerto
el camarinargo brincaba en los baños,
en las
ventanillas su lengua se tropezaba
escupiendo los
papeles estampillados,
riff
corría a lo largo
de los pasillos de alfombra (buscando a una tal Lara Minoli)
y sus huellas
llenas de pintura añeja
marcaban el
rastro de su desazón,
tenía
hambre
y el domingo
le empezó a picar la espalda,
lañepó
(es necesario
que lo dejen pasar, ¡esta a punto de comerse la mano sin mangas!)
sin quererlo
marcharon detrás de él
tomaron sus
muñecas y las anclaron a una especie extraña de ventana rota en las
esquinas,
en un cuarto
blanquísimo (todo era impacientemente claro, era imposible abrir los
ojos)
el camarinargo
sintió que dormía y que dormía pestañeando,
{exento de
sueños}
las manos se le
entumecieron
y alguien le
empezó a raspar la piel,
sonaba pero no
dolía,
sonaba pero su
color termino siendo otro que no lograba sentir más que con su ropa,
otro alguien le
dibujo una cabeza sobre su mente
y el camarinargo
en estado de atisbo tibio
se seco los pies
con un trapo
y una abolladura
en sus muslos
se fue desvaneciendo
por todo el manto secular de su piel.
mairolo
De aquel cuarto
colosalmente luminoso,
el camarinargo
solo usaba la esquina que lo conectaba con la ventana sostenida por sus
manos,
y empezo a
arrugarse cada vez más,
a arrugarse como
un papelillo que se quema,
saiks loks
a tenerse
afuera
y a convertirse
en un potencial humano.
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