sábado, 19 de enero de 2013

El camarinargo quiso salir de su país pero no conoce que es un país


En el aeropuerto el camarinargo brincaba en los baños,
en las ventanillas su lengua se tropezaba 
escupiendo los papeles estampillados,                                                                         riff 
corría a lo largo de los pasillos de alfombra (buscando a una tal Lara Minoli) 
y sus huellas llenas de pintura añeja 
marcaban el rastro de su desazón, 
tenía hambre 
y el domingo le empezó a picar la espalda,                                                                   lañepó
(es necesario que lo dejen pasar, ¡esta a punto de comerse la mano sin mangas!)
sin quererlo marcharon detrás de él 
tomaron sus muñecas y las anclaron a una especie extraña de ventana rota en las esquinas, 
en un cuarto blanquísimo (todo era impacientemente claro, era imposible abrir los ojos) 
el camarinargo sintió que dormía y que dormía pestañeando,                             {exento de sueños}
las manos se le entumecieron 
y alguien le empezó a raspar la piel, 
sonaba pero no dolía, 
sonaba pero su color termino siendo otro que no lograba sentir más que con su ropa, 
otro alguien le dibujo una cabeza sobre su mente 
y el camarinargo en estado de atisbo tibio 
se seco los pies con un trapo 
y una abolladura en sus muslos 
se fue desvaneciendo por todo el manto secular de su piel.                                              mairolo
De aquel cuarto colosalmente luminoso, 
el camarinargo solo usaba la esquina que lo conectaba con la ventana sostenida por sus manos, 
y empezo a arrugarse cada vez más, 
a arrugarse como un papelillo que se quema,                                                                    saiks loks 
a tenerse afuera 
y a convertirse en un potencial humano. 

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