sábado, 19 de enero de 2013

Meticulosidad


Uno puede tener diez noches en dos días,
cuando al abrir los ojos en la mañana,
aún no haya amanecido,
donde las palabras guardadas
aún dan miedo y nos marean el paso.

Uno puede tener diez noches en dos días,
donde la ventana abierta del cuarto,
es la alarma para levantar el cuerpo
y no el viento nasal pegado a la espalda,
cuando el primer saludo del día es mecánico,
mentiroso,
forzado,
atrapado,
y frente a un cristal transparente.

Uno puede tener diez noches en dos días,
cuando el noticiero me atraganta el almuerzo,
                                                                    el pensamiento y el habla,
cuando las gentes me enseñan los dientes,
y sus dedos brillantes de hipocresía,
cuando parece haber un cuello de botella
en las lagrimas,
cuando llega la noche
                                 y yo aún
no he empezado el día.

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