Estar en el aire se convierte en un estado de manos acostadas en el pecho, en
la frente, dormidas en niveles de agua bajo sus dedos. Entonces los sonidos
actuales del cuerpo se van suavizando, proponiendo nuevos órganos y
acostillando el palpitar de la mente. No es común que los tobillos se exciten
de tal forma que quieran iniciar una relación asentimentalizada y se
indispongan a separarse en cada paso, pero se podría ubicar a los brazos en un
status-quo de inmaterialidad y torpeza al ocultarse los codos del recuadro. En
ultima instancia, espero bajarme sigilosamente, acomodando el pie del medio
entre el eclipse atemporal del aire, guardándome los pensamientos, en estos
momentos de locura sensata y exigiendo el disfrute comunal de la mente al
viento.
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