Debajo de la
mesa se esconden unos árboles que pican en las puntas de los dedos, dejando una
marca con olor a años estirados por el viento, de los que apretados salen pericos
a sazonar de plumas la natilla, y yo aderezo algunos periódicos vetustos que me
sirven para nivelar las patas de la mesa renca.
En la radio a las ochotreintaysiete nunca falla el pitido distorcionado con
olor a basura, que sucede al pasar por enfrente de la ventana el camión ronco,
grande, grande como ven mis uñas los ácaros de la bufanda arrollada en la
manigueta del refri y pequeño como el movimiento que realizo con los dedos para
sacar del plato alguna que otra pestaña que se desliza por el caño de mi
nariz precipitándose al vacío, y sin miedo y sin sueño y con
hambre sigo los pasos para sumergirme en la liquidación de mi vientre acumulado
de plegarias inmersas en pasos tan inocuos y triviales que el ser-deshumano,
trántico y plástico, sigue a menudo:
uno, sujetar con firmeza el mango latudo del cubierto, cabe destacar que la forma en que este se sujeta no se situa su uso únicamente a los dedos, la fuerza viene desde adentro, inicia muchas veces desde puntos muy internos del ser, de las venas y nervios rotos, que pueden sujetar el alimento desde la boca pasando por la entrepierna y los rostros arrugados de la rodillas, hasta los uñeros calcificados de los pies con la necesidad de perder el equilibrio.
dos, asestar en el plato un porcentaje importante-moderado de comida, ya sea de contextura flácida, lechosa, espesa, liquida, triste, pecadora o algunas más fáciles y suturables como las sólidas, que al mismo tiempo son las más difíciles de botar por entre las piernas, proceso paralelo al de alimentarse, frondoso natural-humanizado al momento que sucede.
como tercero, reto y logro que el movimiento poleíco del brazo y el cubierto se lleve acabo con un éxito rotundo sin que en el trayecto a la boca, el pulso de las muñecas intente truncar la evolución del camino hasta llegar al último paso: depositar el contenido en mis fauces como primer plano, y en segundo no tragarme el cubierto, ni los dedos y todo lo consecuente a estos:
[el universo.
uno, sujetar con firmeza el mango latudo del cubierto, cabe destacar que la forma en que este se sujeta no se situa su uso únicamente a los dedos, la fuerza viene desde adentro, inicia muchas veces desde puntos muy internos del ser, de las venas y nervios rotos, que pueden sujetar el alimento desde la boca pasando por la entrepierna y los rostros arrugados de la rodillas, hasta los uñeros calcificados de los pies con la necesidad de perder el equilibrio.
dos, asestar en el plato un porcentaje importante-moderado de comida, ya sea de contextura flácida, lechosa, espesa, liquida, triste, pecadora o algunas más fáciles y suturables como las sólidas, que al mismo tiempo son las más difíciles de botar por entre las piernas, proceso paralelo al de alimentarse, frondoso natural-humanizado al momento que sucede.
como tercero, reto y logro que el movimiento poleíco del brazo y el cubierto se lleve acabo con un éxito rotundo sin que en el trayecto a la boca, el pulso de las muñecas intente truncar la evolución del camino hasta llegar al último paso: depositar el contenido en mis fauces como primer plano, y en segundo no tragarme el cubierto, ni los dedos y todo lo consecuente a estos:
[el universo.
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