sábado, 19 de enero de 2013

Textos abiertos a seres extra-terrestres, trans-terrestres y pseudo-terrestres sobre procesos humanos cotidianos: La alimentación.


Debajo de la mesa se esconden unos árboles que pican en las puntas de los dedos, dejando una marca con olor a años estirados por el viento, de los que apretados salen pericos a sazonar de plumas la natilla, y yo aderezo algunos periódicos vetustos que me sirven para nivelar las patas de la mesa renca.
En la radio a las ochotreintaysiete nunca falla el pitido distorcionado con olor a basura, que sucede al pasar por enfrente de la ventana el camión ronco, grande, grande como ven mis uñas los ácaros de la bufanda arrollada en la manigueta del refri y pequeño como el movimiento que realizo con los dedos para sacar del plato alguna que otra pestaña que se desliza por el caño de mi nariz precipitándose al vacío, y sin miedo y sin sueño y con hambre sigo los pasos para sumergirme en la liquidación de mi vientre acumulado de plegarias inmersas en pasos tan inocuos y triviales que el ser-deshumano, trántico y plástico, sigue a menudo:
uno, sujetar con firmeza el mango latudo del cubierto, cabe destacar que la forma en que este se sujeta no se  situa su uso únicamente a los dedos, la fuerza viene desde adentro, inicia muchas veces desde puntos muy internos del ser, de las venas y  nervios rotos,  que pueden sujetar el alimento desde la boca pasando por la entrepierna y los rostros arrugados de la rodillas, hasta los uñeros calcificados de los pies con la necesidad de perder el equilibrio.
dos, asestar en el plato un porcentaje importante-moderado de comida, ya sea de contextura flácida, lechosa, espesa, liquida, triste, pecadora o algunas más fáciles y suturables como las sólidas, que al mismo tiempo son las más difíciles de botar por entre las piernas, proceso paralelo al de alimentarse, frondoso natural-humanizado al momento que sucede.
como tercero, reto y logro que el movimiento poleíco del brazo y el cubierto se lleve acabo con un éxito rotundo sin que en el trayecto a la boca, el pulso de las muñecas intente truncar la evolución del camino hasta llegar al último paso: depositar el contenido en mis fauces como primer plano, y en segundo no tragarme el cubierto, ni los dedos y todo lo consecuente a estos:
                                                                                    [el universo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario